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Pimientos de Padrón: un festín de tradición y leyenda

La hortaliza del verano gallego: el pimiento de Padrón. Bueno, de Herbón, siendo rigurosos. La zona en la que se producen este delicioso alimento del nuevo mundo es una de las perlas relativamente desconocidas del nuevo mundo. Para que los pimientos pudiesen crecer y criar bien, necesitaron encontrar un valle irrigado, en el que la sedimentación de los limos que arrastra el río Sar y la proximidad con el río Ulla (que forma la ría de Arousa) propiciasen extensiones de terreno fértiles en las que plantar el exótico fruto.

El antiguo puerto romano y altomedieval, ahora seco pero presente en forma de toponimia (Porta dos Mariños) es un lugar para explorar y degustar. Nada mejor que recorrer en un día de verano la comarca del pimiento de Padrón. El interior y puerta compostelana de las Rías Baixas siempre es un lugar agradable lejos de la masificación de las playas más concurridas.

La primera parada está en Padrón: la localidad está estrechamente vinculada a la tradición xacobea. Es aquí donde los discípulos de Santiago ataron la barca que trajo a Galicia el cuerpo sin vida del Apóstol, según la tradición reza. Se conserva la piedra -el Pedrón- donde supuestamente amarraron la barca. El convento del Carmen, el Jardín Botánico, la Casa-Museo da Matanza, donde vivió y murió la poetisa nacional y precursora del Rexurdimento Galego Rosalía de Castro, y O Espolón -un largo paseo al lado del río Ulla- son puntos para visitar.

La ruta por los umbrales arousanos sigue por la aldea de Herbón. Su principal monumento es el monasterio donde se asegura que vivió el religioso que trajo las primeras semillas del pimiento desde América. Los invernaderos de la zona muestran cómo se cultiva la hortaliza.

Desde Padrón hay que emprender el camino hacia el sur por la N-550. A los pocos minutos se alcanza la localidad de Valga y desde allí hay que tomar la comarcal PO-548 hacia Catoira.

Bañada por la desembocadura del Ulla en la ría de Arousa, todavía guardada por el esqueleto de las Torres do Oeste, se encuentra Catoria. El lugar encierra dos milenios de historia, cuando los romanos erigieron aquí un enclave defensivo; después, en la Edad Media, el obispado de Santiago levantó los torreones defensivos cuyos restos permanecen y que sirvieron para defender a la población de los ataques de los piratas vikingos que asolaron las costas durante el Medievo. Según algunos historiadores, las incursiones de los hombres del norte fueron peores para la zona que las disputas con los califatos musulmanes.

jose luis hidalgo

Caldas de Reis, espíritu del agua
Tomamos la PO-8001 hasta Caldas de Reis. Como su nombre sugiere, Caldas es conocida en toda Galicia por el agua caliente que brota del interior de la tierra. Cerca de la fuente encontramos la curiosa iglesia de Santo Tomás Becket, levantada a finales del siglo XIX en honor del que fuera gran canciller de Inglaterra y arzobispo de Canterbury. Consta que Becket, muerto en 1170, peregrinó a Santiago y se detuvo a descansar en el pueblo.

Cuntis, la siguiente parada se encuentra a poco más de diez minutos conduciendo por la N-640. Allí se puede visitar su casco histórico, su balneario, un castro prerromano y degustar el queso de Palosanto.

Es la última parada antes de regresar a Pontecesures pasando de nuevo por Valga, aunque ahora para conocer otra parte de su término municipal. Difícil será resistirse al reclamo de Padrón, Herbón y sus pimientos que pican, o no.

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