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Diario de un viajero por Rodolfo Lueiro: destino Etiopía.

Día 14 de Diciembre 2012

Me voy a Etiopía. Hace cinco días decidí irme.  Me di un plazo de cinco días para organizar el viaje.   Plazo aproximado porque el día lo señalaría el precio del billete mas económico.  Lo señaló la chica de la agencia de viajes.  Al final volaré el viernes, día 21 a las 14 y pico.  Dos horas antes debo estar en la terminal uno de Barajas.  Tengo que leer el billete para interiorizar la hora exacta.  En vez de cinco días, serán once.  Ya tengo el pasaporte, el carnet de conducir internacional y estoy empezando con este blog.  Todavía no he escrito la lista de las cosas indepensables que tengo que llevar.  En ella apuntaré los guantes para fregar, diez pares nada menos que me pide.  También quieren que les lleve cuatro litros de aceite de oliva y una botella de vinagre, crema hidratante y un pequeño botiquín de urgencia.  Le escribí un correo a la persona que me va a dar casa en Dire Dawa.  Le dije: voy a llevar dos pantalones cortos, uno largo, diez camisetas y unas sandalias y un par de zapatillas. Me llevo una chaqueta? Me sorprendió su respuesta.  Trae dos largos, los cortos están mal vistos por aquí,  y también uno o dos polos.  Chaqueta ni se te ocurra, por si acaso un jersey fino de primavera.  Y de calzado las sandalias no te las podrás poner, porque los caminos y calles son de tierra y te pondrás perdido.  Lo mejor son unos tenis y unos zapatos tipo panamayack.  No sé como son esos zapatos pero tengo unas zapatillas que me compré para caminar, que son horrorosas, como todas.   Ahí si que noto que me he quedado desenganchado de la moda deportiva.  Los chandals que mas me gustan resulta que se venden como pijamas. El día 22, a las 3.30 de la madrugada, hora española, me esperan a la puerta del aeropuerto de Adís Abeba.  A los que esperan no les permiten entrar.  Me avisan que tengo que sacar una tarjeta, un visado, que me va a costar 25 dólares.  Después volaremos a Dire Dawa, aunque no tengo claro el día, pues me parece que vamos a estar una semana por otros lugares.  La persona que me recibirá en Dire Dawa se alegró de que le anunciara mmi visita y me escribió: “Enhorabuena por el paso que acabas de dar, conocer el corazón y el orgullo de África, así es como se refieren los africanos a Etiopía,  es algo que no pasará inadvertido el resto de tu vida.  Vas a vivir experiencias personales muy enriquecedoras.  Merece la pena superar todos los temores y prejuicios y embarcarse en un viaje como el que vas a realizar”.  Hasta aquí me parecieron las palabras de un prospecto turístico.  Mi anfitrión es un enamorado de África.  ”Las condiciones de vida que vas a tener en este país van a ser buenas, vas a tener todas tus necesidades básicas cubiertas, comida, agua, ropa, alojamiento y piscina.  La piscina la tienen los dos hoteles que hay, no son piscinas como las de España, pero son piscinas.  A partir de ahí todo va a ser relativo.  Por ejemplo, la luz.  En casa hay, pero no en la mayoría de las calles.  Baño en casa hay, pero en la mayoría de lugares son letrinas.  Te lo digo para que tengas esas pequeñas prevenciones, me imagino que las tendrás pero no sobra recordarlo.  De todas formas mi casa es espaciosa, moderna y luminosa.  Al igual que la ciudad tiene de casi todo aunque con una calidad mucho menor”

Me documento con urgencia.   La ciudad a la que voy, Dare Ware es la segunda ciudad del país, después de Addis Abeba, tiene cerca de 400 mil habitantes.  Las calles son casi todas de tierra y están llenas de camellos, burros y cabras.  Tiene aeropuerto y universidad.  Hay dos hoteles  con algo parecido a piscinas.  Allí puedo tomarme un desayuno continental y utilizar internet.Ese es el plan.  Me avisan de que no hay cocacola ligh.  Lo superaré, les prometí. Por supuesto que me acerqué a wikipedia y me tragué el documental de TVE sobre el país, donde me sorprendió que la gente no parecía sudorosa.  Es mas, llevaban camisa de manga larga con camiseta por debajo y alguno incluso iba con jersey.  Mi anfitrión me dice que la temperatura es de treinta grados ahora en invierno, que en la casa no hay agua caliente, ni falta que hace. La lectura que hago de los mensajes que me llegan no son suficientes para una radiografía de urgencia.  No puedo andar con pantalón corto.  Y eso que en invierno andan en los 30 grados.

Contaré mas, de cómo se lo ha tomado mi entorno.

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