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Diario de un viajero por Rodolfo Lueiro: destino Etiopía

13 de enero de 2013

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Hoy tuvimos análisis político.  La nota que nos hizo llegar la embajada sobre el peligro que corríamos los extranjeros de ser atacados o secuestrados en la región de Jijiga, por gente de la ONLF, nos había resultado extraña, mas a Javier que a ningún otro, pues razonaba que la gente de la ONLF no se mueve por cuestiones religiosas y no consideran a los extranjeros un objetivo militar.  Bueno, asunto para discutir en charla de café, pues ninguno poseíamos datos suficientes para crear un argumento serio.  Puesto que también se podía decir que el secuestro de europeos pondría su guerrilla en las noticias de todo el mundo.   Pero en esas estábamos cuando nos enteramos que, veintitantas horas después del aviso de la embajada, los franceses atacan en somalia a un grupo de secuestradores de un ciudadano francés y la cosa acaba con  20 muertos.   A todos nos pareció que esa era la razón de la nota y no la ruptura de las negociaciones con la ONLF.

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Bueno, esa es la noticia del día.   Por lo demás la jornada ha sido en Dire Dawa la de un turista cualquiera.  Desayuno en la carretera, paseo matinal por la calle asfaltada, descanso en la terraza del Elga 2, revelado de fotos para vecinos y paseo de cuatro km hasta el Triangel Hotel para bañarnos en la piscina, comer y navegar por internet. Eso si, no he parado de hacer fotos.  Unas porque no era capaz de resisirme y otras a petición de los interesados.  A veces me paran algunas personas para preguntarme por sus fotos, en ocasiones retrato a grupos de cuatro o cinco y no me quedo con la cara de ninguno,    y lamento decirles que no me acuerdo de haberles retratado.  Se ríen y me desean un buen día. Menos mal que son comprensivos.

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Esta mañana mientras desayunaba me llamó la atención la cantidad de avispas o abejas, son diferentes a las de ahí, que sobrevolaban la tetera en el chiringuito cutre de la carretera donde acostumbro a tomarme la torta y el te con sabor a anestesia de dentista. Y lo sorprendente es que nadie les hacía caso, como si fuera lo mas normal del mundo que tu tetera estuviera permanentemente sobrevolada por un enjambre de abejas.  Y la tacita de te de mi vecino.  No sé  si enmarcar este comportamiento con las abejas o avispas, dentro del que acostumbran a mantener con los animales en la carretera, en donde siempre tienen ellos preferencia, no así las personas como ya os comenté en su día.  Al final yo también opté por no hacerles caso y no hacer el mínimo gesto para espantarlas.  Ese debía de ser el acuerdo porque no tardaron en dejar de dar la lata.

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Es temprano, todavía no dieron las ocho de la mañana y la calle está con apenas gente.  es domingo no hay colegio, aunque todos se disponen a abrir sus tiendas.  No se en el centro pero en el barrio no cierra nadie.  Claro que todo lo que hay son los pequeños ultramarinos, los ciber, las tiendas de vídeo y discos, una carnicería y dos peluquerías de hombres y dos de mujeres, también dos tiendas de fotos y una especie de almacén de ferretería y alimentación que está en los locales del edificio donde está la mezquita.  O la mezquita está en el solar de atrás, no lo se.

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Poco a poco se anima, las mujeres que instalan en la acera su chiringuito son las primeras en abrir, después pasa la barrendera, que se limita a barrer el asfalto y retirar papeles y tierra.  No toca las aceras donde la porquería se amontona, ni las calle de tierra donde a veces es tanta que resultan intransitables.  No es la primera vez que hay perros comiendo el costillar de una cabra o un fémur de vaca o la cabeza de un cordero.  Y nadie recoge esos restos nunca, acaban arrinconados con la maleza. Hoy mismo una vecina se dedicó a quemar ella la porquería de cerca de su casa.  Es normal que las mujeres salgan a barrer delante de su puerta echándolo todo para un lado, donde el montón de basura es crece como si fuera un arbusto.

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Ya os conté que mucha gente me pregunta por qué los retrato y otros, sin embargo, me piden que lo haga aun sabiendo que no nos vamos a encontrar mas. Hoy fue un chico el que sacó su teléfono móvil para hacerme una foto a mi.  La verdad es que me sorprendió, pero tendré que aceptar que les llamo la atención.  También ayer a la noche, un poco después de llegar de Jijiga, salí a dar una vuelta  solo, que el cooperante se encontraba agotado, y no me extraña, había tenido un día duro con las labradoras y labradores de la comarca. Bueno, pues desde la otra acera un chico joven, que podría ser un estudiante, me saluda a voces.  Los dos paseamos por Sabateña Road, que es una de las dos asfaltadas de nuestro barrio.  Me pregunta de donde soy mientras viene cruzando la calle. Y me dice que él de Djibuti, me pregunta el nombre y me dice el suyo, que se lo hago repetir hasta tres veces para olvidármelo enseguida.  Nos damos la mano y seguimos cada uno nuestro camino.

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Hoy dos ciclistas me paran para que les haga una foto.  Me hacen gracia y se las hago.  Me parecía que eramos los primeros habitantes del barrio pero cuando disparo empiezan a salir niños de todas partes porque todos quieren que los retrate.  Al final la mayoría de los jóvenes y los niños se ponen en pose para las fotos.  Son las mismas gracias que vemos en las películas que hacen los niños de los barrios pobres de las grandes ciudades americanas.  Será por el cine o es que todavía conservan los negros americanos algunas expresiones corporales guardadas desde África.

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Alguno de los pocos viejos que hay nos lo podría decir.  Lamento no dominar el inglés y no acudir a la Universidad, que también está por el barrio, a hablar con alguno de los profesores para que simplemente me diera algo de luz sobre esta sociedad tan aparentemente igualada en la pobreza.  Pero solo aparentemente.  Hay diferencias entre los distintos grupos sociales.  Van saliendo a la luz tan pronto se te  va acostumbrando la mirada.

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Es domingo pero a las ocho, como cada día, abren su puerta la mayoría de los establecimientos.  De los ciber, solo la cristiana tiene el local disponible, pero no hay conexión.  El peluquero del pelo afro nada más verme  se quita la bata delantal y se pone en pose pidiéndome una foto, que se la hago mientras se ríen los cuatro o cinco clientes que ya le esperan.

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La  calle se va animando, ahora son tres niños los que quieren una foto.  Hay un cuarto, mas pequeño que va de la mano del abuelo.  Miro al viejo, que lleva la barba babeada de chat, y le hago una seña.  Se para, se endereza y espera a que le coja el punto.  Le pido que se gire para evitar sombras, lo hace y lo saco con calma.  Después al niño que no sabe de qué va esto, pero el abuelo lo anima.

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Ahora es una niña la que me pide la foto.  Cuando la busco con la cámara ya no está.  la encuentro de pié abrazada a su madre que está sentada en la acera.  Las retrato y me despido.  Al revisar las fotos me da la sensación de que la madre es ciega, pero tampoco sería capaz de jurarlo.

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Una pareja discute apoyada en un muro. Al verme, el chico detiene la conversación y me pide que les saque una.  Le echa la mano por el hombro y la arrima, le hagao cinco o seis, de cerca y de lejos, acaban riéndose.  Para mi sorpresa, al final de la sesión, me dice que le deje unas copias en su casa.  Es la que está en la mitad de este camino.  Y le digo que si, pero que en tres o cuatro días.  Me voy en seis.

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La tienda de fotografías con la que trabajo, la que me cobra cada día un precio mas elevado que el anterior aunque sea por menos fotos, ya está abierta.  Lo primero que le digo es que no le voy a pagar más de cien birr por 40 fotos (la última vez me cobró 190).  Quedamos en 120.  Al final le pago 100 porque solo son 31 las fotos que hay que pasar a papel. Mientras espero decido tomarme una Coca en el Elga 2.  ahora es la cocinera la que sale a pedirme una copia de las que le hice hace unos días.  Creí que ya te las había dado.  No me entiende.  Me saca la carta de helados y postres y me señala la de una tarta de merengue.Pienso que no le habré dado las fotos.  Y le digo qué rica y le digo con los dedos tres, que me ponga tres tartas.  Ella cierra el libro y me saluda cerrando el puño con el pulgar levantado.  Lo entendió, en tres días le daré las fotos.

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Al salir hay un hombre del campo, que es decir de la sabana, en donde no hace mucho había leones, jirafas, cebras, elefantes…. y no sigo para que Manolo López-Rivadulla no me llame a capítulo. Se deja retratar encantado.   Pasa una mujer con un bulto a la espalda y la paro.  Le pregunto si lo que lleva allí es un niño.  Me sonrié y me lo muestra encantada, el niño duerme y ella le limpia la baba para que salga limpito en la foto.

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Ha sido una buena mañana de fotos.  Todavía no dieron las diez  y tengo para llenar un día.  Pero son muchas las fotos que me quedaron de días atrás que me da pena no ponerlas.  Tres niñas que salen del colegio, las tres con el mantón rojo, dos madres con los niños a la espalda y dos amigos que celebran no sequé, mientras un niño le limpia los zapatos al que tiene los pies descalzos.  Son fotos de Jijiga, como las de la casa con la chapa de Coca Cola o la del pequeño almacén de esta bebida  son de ayer o del antes de ayer, pero me da pena que no las veais.

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Por cierto, que esta mañana evité la ducha.  Total me iba a bañar en la piscina del Triangle Hotel.  He dejado de ducharme por las mañanas en agua fría.  Prefiero hacerlo por las noches.  Por las mañanas la impresión de echarme los calderos de agua fría me deja nerviosísimo.  Las noches baja la temperatura y me levanto con el cuerpo frio o casi frío.  Muchas veces me echaría una manta pero no hay.  A veces me pongo una camiseta.  Al levantarme la ducha de agua fría no me atrae.  Ayer a la noche se había nublado e incluso llegó a amenazar lluvia.  Yo tuve que ponerme una cazadora de verano que había traído.  Y por eso no me duché entonces y por lo que os conté no me duché esta mañana.  La cosa no tendría importancia si lo de ducharse no fuera un acontecimiento.  Todos los grifos echan poco agua, los de casa, los de los lavabos de hoteles y restaurantes y hasta las duchas de los hoteles donde dormimos.  También en la casa de la ONU.  El mejor de estos grifos lo dejaríamos en manos de un fontanero, diciendo que estaba obturado.  Aquí el mejor fue en Bahir Dar y aun así tardé un rato en conseguir tener todo el cuerpo mojado.  Sorprende esto que cuento si vemos las entradas de las casas en nuestro barrio.  Por las noches o por las mañanas siempre están mojadas.  En la puerta de todas las casas hay un desagüe que viene del patio interior y por ahí siempre sale agua al anochecer o a primera hora.  En nuestra casa también.  Es el guarda que riega las plantas y lava el patio.  Nunca se me ocurrió preguntar a qué viene ese derroche.  Pero lo hace todo el mundo.

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Mañana es lunes, comienza mi última semana en Dire Dawa.  Había una posibilidad de ir a visitar la ciudad de Gode  que está en el desierto, donde habita la pobreza extrema de este país.  Teníamos que ir en avión porque la guerrilla de la ONLF parece que controla demasiado a menudo las carreteras.  Allí hay un sacerdote español, un Sartorius, de los Sartorius de toda la vida, que él solo es una ONG.  Me hubiera gustado ir.  Pero el ataque de los franceses va a poner muy difícil la excursión.  Me quedan cinco días, pero Javier me anima a que me marche a Kenia, que aproveche que no estoy lejos, el billete de ida y vuelta en Ethiopian me sale por menos de 500 euros. Un choyo.  Y solo son dos horas y media de avión.  Me queda mas cerca que casa.  Eso si.

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