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Diario de un viajero por Rodolfo Lueiro:destino Etiopía

Día 18 de diciembre 2012

Me despedí de mi madre.  No hizo mas que preguntarme si yo me iba contento.  Es como son las madres optimistas.  Cuando algo que haces no les gusta se contentan con saber que a ti si.  Si tu estás feliz yo estoy contenta, es su lema.  Mi madre tiene noventa años e insiste en maleducarme. Cómo voy a corregirme?   Ella ha sabido encontrar siempre el lado positivo en la vida y continua haciéndolo.  Bebe y fuma y lo segundo, en ocasiones, sin moderación. También es difícil que se pase sin un dulce postre de cocina.  Por eso a ella le parece un viaje muy difícil el que voy a emprender.  No le digo que ya me han retirado de todo eso.  Y lo de estar mucho mas delgado es pura coquetería, le digo.  Y ella hace que se lo cree.  También me preguntó si necesitaba dinero.  Me dieron ganas de decirle que si.  Soy un ruin.  Pero me contuve, soy solo un ruin reprimido.  Al final la llevé a casa y me doy cuenta ahora de que me olvidé de desearle Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.  La llamaré por la noche.

Etiopía está ahí,  a la vuelta de tres noches.  Mañana intentaré bajarme todo para leérmelo en el viaje en tren a Madrid y durante los vuelos de avión.  El plan no es malo.  Si tengo tiempo prometo hacerlo, para no llegar tan desnortado como estoy con este país.

Por cierto yo no voy de onegetista, ni de cooperante, ni de Teresa de Calcuta, ni de Vicente Ferrer.  Tampoco voy de turista.  Voy de viajero.  Y lo del blog es porque Javier me lo dijo como queriendo darme un buen consejo.  Le hice caso.  Escribir sacia mi ímpetu creativo ahora que no pinto ni me las ingenio para ganar dinero. Asuntos en los que, a pesar de que he brillado con la misma intensidad que esas farolas de jardín que venden en Bricoking y que funcionan con la luz solar, siempre han satisfecho mi necesidad de crear o de expresarme, que siempre he tenido.

Bien, digo esto, de que voy de viajero porque ya me he encontrado a dos tipos, a uno en un kiosco y a otro en plena calle, que me pararon para desearme un buen viaje, dejando entrever que admiraban mi voluntad de irme a un país tan pobre a dar el callo por el prójimo.  Ahí me hubiera gustado desencantarles y contarles la verdad por la que he decidido marcharme en Navidad y coger el avión en sentido contrario al que se coge en estas fechas.  Pero no me atreví.  Siempre he sido flojo en el desencantamiento del prójimo. Y en vez de príncipes y princesas suelo convertir a las ranas y sapos en gente mal encarada y desagradecida.  Así que me limito a este blog para desmentir lo que se pueda pensar equivocadamente de mi y de este viaje.  Confieso, que me ha costado hacerlo, pues cuando a uno lo toman por buena persona, lo mejor es dejarse querer, que la maledicencia y el desprestigio se alimentan solos en lo que hacemos.

Día 19 de Diciembre 2012

No se cómo habrá hecho Colón, pero yo llevo la vida de siempre y de paso voy organizando el viaje para el que tampoco tiempo me he dado.  La culpa es tuya, pensaría mi santa si me leyera.  Hoy he seguido con la intendencia  y ahora me doy cuenta (esto del blog sirve de repaso) que me he olvidado de comprar el repelente de mosquitos que me encargó Javier.  Ayer, equivocadamente compré una crema post-picadura y, hoy me he dado cuenta de que no era eso.  En un momento bajaré a buscar la farmacia que no cierra nunca, que en esta ciudad en la que estoy, Pontevedra, no se donde queda.

Acabo de hacer la maleta.  Fui a pesarla a una farmacia porque de repente me entró el temor a exceder los 23 kilos que me permite facturar la compañía Egyptair viajando en clase turista.  La maleta pesó 22,3 kilos.  Como he pensado guardar en ella , antes de facturarla, el abrigo que lleve puesto hasta allí, para no helarme en Madrid, decidí hacerle sitio y desprenderme de una mochilita para la cámara y sus accesorios que llevaba por si acaso, retiré la bolsa en la que llevaba guardados los zapatos, y saqué también, uno de los pantalones cortos que llevo, a pesar de la nota de Javier en la que decía que no debo ponérmelos porque están mal vistos.  Ahora, cuando guarde el abrigo en la maleta, espero no tener que pagar por sobrepeso en el momento de facturarla.

Ah!  Maldición.  Cuando guardé la documentación y los billetes en el bolsillo interior del abrigo, también decidí aligerar carga –ya que estábamos a eso-  y deshacerme de todas esas tarjetas que no voy a utilizar.  Lástima, entre esas que nunca utilizo estaba la tarjeta dorada, esa que nos da Renfe a los mayores y que nos permite una rebaja del 40% en los billetes.  Tendrá remedio?  Manuel, mañana llamaré a tu agencia a ver si podemos hacer algo.  Espero no olvidarme.

Por lo demás, solo me encontré a tres personas que me hablaron del viaje.  Y dos se morían de risa.  Es curioso cómo reacciona la gente. Ignoro si estaban felices por que yo iba a estar feliz, si se reían porque sabían algo que yo no se sobre lo que me voy a encontrar, o si se reían porque ellos estaban en el secreto de mi viaje. Confieso que yo también me reí por no dejar en evidencia mi falta de intuición.

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