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El Gobierno estatal quiere reformar la Ley de Costas para transformar los faros en hoteles

Faro de Corrubedo, en A Coruña (foto meteored.com)

El gobierno del Estado está preparando una profunda reforma de la Ley de Puertos para facilitar la conversión de faros en hoteles, albergues y restaurantes, y de esta manera, obtener ingresos que sirvan para la conservación de estas columnas de luz, según informa el diario El País.

Estos importantes cambios aún están pendientes de su sanción en el Congreso. El Partido Socialista propone flexibilizar la situación legal de faros para convertirlos en instalaciones culturales o en pequeños establecimientos hoteleros o albergues, restaurantes o incluso zonas comerciales.

En 2003 se intentó una reforma similar, aunque el éxito de su aplicación fue relativo. Según el rotativo del grupo Prisa, menos del 25% de los 187 faros que existen en España tienen algún  uso público. Las razones para dar entrada al capital privado fueron las mismas que se esgrimen ahora: facilitar la conservación del patrimonio arquitectónico que suponen.

Con la reforma en tramitación, si el faro está pegado al mar, el Consejo de Ministros podrá “levantar la prohibición de instalaciones hoteleras, así como albergues u hospedajes que pudieran favorecer el desarrollo de actividades culturales”. Si está más allá de los primeros 20 o 100 metros del mar –dependiendo de si el terreno era urbano o no en 1988, cuando entró en vigor la Ley de Costas– será el Ministerio de Fomento -no el Consejo de Ministros, como hasta ahora- el que autorice directamente la construcción de hoteles. En los faros alejados de la primera línea se permitirán obras que supongan incremento de volumen sobre la edificación ya existente.

Hasta ahora, las trabas legales eran tantas que tan sólo existían seis restaurantes en los faros y 45 tenían algún uso. La norma exige que los distintos usos no entorpezcan la principal función del faro: no pueden condicionar ni limitar su luz.

En los noventa, ante el abandono de los faros al automatizarse, el Ejecutivo intentó bunkerizarlos, tapiar puertas y ventanas para conservarlos. La idea no funcionó y la salitre acabó por comerse buena parte de los faros automáticos.

La idea ahora es darles uso. Incluso, el de discoteca, aunque según establece la norma, sus luces no podrían interferir con el haz principal.

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