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La patata transgénica llega a Europa

Patatas transgénicas.

Basf, la multinacional química de origen alemana, lo ha conseguido. La Comisión Europea ha bajado la barrera que impedía el cultivo extensivo y la comercialización de patatas transgénicas. La decisión ha disparado las protestas de agricultores, ecologistas y grupos de consumidores organizados y supone el segundo permiso para cultivar un alimento de primera necesidad en manos privadas.

En Galicia, con una producción anual de 15 millones de patatas, la noticia ha sido acogida con preocupación, ya que se teme una competencia desleal y la confusión con el tubérculo foráneo, que cuenta con una denominación especial de calidad y con un Consejo regulador de control específico.

Basf ha esperado durante más de diez años que la Comisión diese luz verde a la comercialización de la patata Amflora. Esta variedad no se vende para consumo humano, sino que gracias a un incremento artificial de la glucosa, con lo que la patata gana en amilopcetina y hace que contenga más almidón que una patata natural  por lo que está destinada al consumo del ganado y a la fabricación de papel.

Los productores ya han manifestado su desconfianza con los planes de la multinacional. Creen que cuentan con ventajas para ganar sitio en los terrenos de cultivo y que poco a poco se irán introduciendo en el consumo humano, primero en la cadena alimenticia –mediante los animales alimentados con transgénicos—y después directamente en la venta en los mercados.

Uno de los precedentes es el maíz. España es uno de los mayores productores de la variedad MON 810 –propiedad de las multinacionales Monsanto y Pioneer–, de la que hay cultivadas 80.000 hectáreas. Grupos de defensa de la soberanía alimentaria denuncian que el agricultor pierde autonomía en sus cultivos ya que esta variedad de maíz está manipulada para que no tenga semillas, con lo que siempre hay que comprarlas al la propietaria de la patente.  Los sindicatos del campo denuncian regulatrmente los intentos de las multinacionales por controlar todo el proceso productivo, desde la semilla, hasta la plantación, la recogida y la venta.

Cabe recordar que Bruselas también permitió ayer la comercialización de tres variedades de maíz transgénico, las derivadas del tipo MON 863.

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