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Restaura cuerpo y mente después del Camino en las aguas de Espagat

Desde un escritorio apenas se puede imaginar uno qué se siente al cruzar los pasos más elevados de o Cebreiro, o atravesar en silencio kilómetro y kilómetros de llanura castellana, o soportar el rigor de la montaña aragonesa o navarra. Lo contamos hacia atrás porque desde Santiago quizás se tiene una perspectiva dura de lo que supone el Camino: se ven muchos peregrinos exhaustos por las calles, lo que da una idea de la dureza del trayecto.

A lo largo de la ciudad empiezan a abrirse más instalaciones dedicadas a la restauración del cuerpo, habida cuenta de que es un negocio en  aumento: hay más cuerpos necesitados de cuidado. Entre las instalaciones terapéuticas que podemos encontrar en Compostela, tenemos que destacar las del gimnasio Espagat. Una institución entre los instalaciones de entrenamiento que ofrece un completo servicio de spa especialmente destinado a la recuperación de las partes del cuerpo más afectadas por el tremendo esfuerzo que suponen las jornadas de camino: pies, lumbares, cervicales y aparato respiratorio.

El tratamiento spa sigue trece pasos, con una duración de una hora y cuarto, aproximadamente. Cada paso tiene una función específica y al salir, los músculos y en especial las zonas de tensión están en un estado esponjoso.

El tratamiento comienza de forma suave. A lo largo del circuito se experimentan contrastes térmicos que, de primeras, puede dejarte mudo, así que conviene empezar suavemente. Cinco o diez minutos de terma romana, un baño de calor seco, a unos sesenta grados en una habitación forrada de mármol templado. Lo primero que se nota es que el calor entra por las vías respiratorias y poco a poco se van abriendo.

Lo siguiente es que la piel empieza a sudar y a tonificarse. Está especialmente indicado para problemas respiratorios, como el asma o la bronquitis, la sequedad de piel, los problemas articulatorios –probables tras muchas jornadas de carga y camino—o problemas de sequedad en la piel.

Tras esta toma de contacto, se pasa al baño de vapor. En una estancia similar –pequeña habitación forrada de mármol—pero con una gran nube de vapor esperando dentro. Como pueden imaginarse, lo primero que se siente es que los poros se abren y el vapor entra en la  con un efecto de limpieza en la piel. Lo siguiente es que nariz, laringe y bronquios comienzan a sentir algo parecido a una brisa muy caliente en un bosque de pinos. Las encargadas del spa enumeran sus beneficios: relajación muscular, tratamiento de problemas de vasodilatación o de varices. Lo cierto es que las piernas comienzan a ablandarse y la cabeza en seguida se despeja entre la bruma cálida.

Tras  estar otros diez minutos en el baño turco, viene el primer contraste: un calderazo de agua fría y ya comeinza el cosquilleo por el cuerpo. Después, la ronda de baños de calor termina con unos diez minutos de sauna finlandesa a 100º. Los poros terminan de limpiarse mientras se activa la circulación y aumenta el ritmo cardíaco lo suficiente como para acelerar la recuperación de unos músculos un tanto magullados. Mientras se despejan las mucosas y nos libramos de toxinas, nos preparamos para la segunda parte del circuito.

Después de una leve ducha de vaporización, entramos en el camino del pediluvio: una pequeña senda de piedras pulidas para pasear y recibir pequeños chorros de agua caliente y fría que activan  la circulación en las piernas.  Resulta especialmente recomendable el masaje que se recibe en la planta de los pies tras un par de paseos por el sendero.

Con pies y piernas relajados y activados, es el momento de entrar en la piscina de masajes. Sí, es tan placentero como suena. El agua está a unos 32º y la piscina dispone de un circuito de masajes por chorros de agua que comienzan en los pies, siguen por los muslos, la espalda los hombros, las cervicales y terminan en la cabeza. A base de puntos de presión se van eliminando contracturas y cargas que se arrastran por tensión, estrés o haber cargado una mochila o no haber dormido en buena posición durante varios días. Tras 25 minutos de masajes y chapoteo, se pasa a una ducha de contrastes. De nuevo, los chorros concentrados en piernas, espalda y cervicales van activando la circulación sanguínea, aunque no hay que ocultar que se sufre un poco entre el frío y el calor.

En la última parte hay que alternar inmersiones de medio minuto en una poza fría con más que agradables sesiones de piscina oxigenante –similar  a un jacuzzi—de diez minutos. Cada vez que pasas de frío a calor, sientes como un hormigueo recorre las piernas, mientras la cabeza se queda poco a poco despejada.

Tras una última ducha de escencias, donde al ya habitual contraste entre frío y calor se une un depósito de esencias de rosa y romero para purificar la piel.

Por último, llega el momento de relajarse –sí, de relajarse aún más—con un masaje de cinco minutos a elegir entre pies o cráneo. Por último, quince minutos de relajación en la cabina Stellaris, una habitación a 40º forrada de mármol a 35º aromatizada con esencias de flores y ambientada con música sirve para que vayamos, poco a poco, aterrizando.

¿Y después? Pues sentir cómo los hombros están blandos y descansados después de aguantar todo el Camino, o todos los días en el trabajo.

Datos de interés

  • Lugar: Gimnasio Espagat. Calle Fernando III El Santo, número 12.
  • Precio: 15 a 20 euros, dependiendo de la duración.
  • Duración: Una hora y cuarto aproximadamente.
  • Seguridad: antes de comenzar el circuito, se pregunta al cliente si sufre de alguna dolencia incompatible con los estímulos que va a recibir.
  • Página Web: www.espagat.com

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